Ha sido un primer día agotador, pero por fin estoy en mi habitación, o celda, porque estamos en un monasterio. Los demás están aposentados en sus celdas, en la enfermería o en el establo en el caso del más joven, que, aunque advertido de que con la pinta de Errol Flinn
no iba a pasar por monje se empeñó en venir de mamarracho y suerte que el prior no lo ha echado, porque a saber cómo sobrevivía este mancebito una noche al fresco y en semejante paraje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario